domingo, 1 de agosto de 2010

Motivos para seguir creyendo

El otro día le comenté a Felipe que me apetecía probar el pepesup. Es el plato típico de aquí, y en casi todos los bares se puede leer en la pizarra que anuncia la carta, pero todavía no lo había catado. Así que me dijo que el sábado por la mañana iríamos a casa de su primo a comerlo, a eso de las 9. Y es que esa sopa se toma por la mañana, quizá porque dicen que es muy buena para la resaca. No lo dudo. Se trata de una sopa con trozos de pescado, donde el ingrediente principal son lo que aquí llaman picantes, una especie de pimientos que pueden llegar a hacerte sacar fuego por la boca. Eso, unido a que se toma bien caliente, hace que sudes lo que no está escrito, por lo que muchos lo utilizan para eliminar el alcohol del día anterior.

Pero la sopa fue lo de menos. Allí conocí a Nacho (aquí los motes se ponen independientemente del nombre, no hace falta llamarse Ignacio), el primo en cuestión, que vive apartado de la ciudad, bien metidito en el campo. Tras poner a prueba la suspensión del 4x4 (en este caso no sólo responde a la tracción, si no a que tiene 16 añitos), llegamos a la casa atravesando unos caminos que ni os imagináis, y una vez allá, Nacho me llevó a ver sus cultivos. Lo que yo pensaba que era una huertita con algunos frutales y unas cuantas hierbas medicinales, resultó ser un latifundio inacabable, donde había tomates, pepinos, “verduras” (lo que resume un interminable número de vegetables comestibles), piñas, plataneros, bananeros, sandías, y un montón de plantas y árboles que no había oído en mi vida. Del que sí había oído hablar es del “noni”, un fruto que dicen que es muy medicinal, y gracias al que él me dijo que nunca había tenido paludismo.

La cosa es que Nacho me contaba que lo había pasado muy mal. Huérfano de padre antes de nacer, su madre murió al poco tiempo también, lo que terminó haciendo que malviviera en Malabo durante su juventud, pasando más de una noche en algún porche del mercado central, donde de día buscaba ganar algún dinerito. Su primo le echó una mano, y poco a poco, a base de no malgastar ni un franco e invertir todo lo que iba consiguiendo, primero compró un terrenito, con lo que ganó al cabo de un tiempo compró otro, y así sucesivamente. Poco a poco fue mejorando su estrella, hasta llegar al emporio con el que cuenta hoy en día: a todas las tierras y cultivos que os he contado ya, hay que sumar una casa en la ciudad, la casa donde vive hoy en día, que aunque apartada, está francamente bien, un bloquecito de cuatro viviendas que está construyendo para alquilar cuando terminen de hacer la carretera, y la pedazo de casa (cercana a una mansión) que está levantado a pocos metros, donde espera poder vivir dentro de un año. ¿Y cómo se hace todo esto?

Aquí normalmente no se compra una casa. Se compra el terreno, y cada uno se levanta su casita poco a poco. El método no es complicado, una estructura de madera que sujeta un tejado de chapa, y paredes hechas con bloques de cemento. Como no se suele hacer más que una altura, no resulta excesivamente complicado. Él en particular, me decía que todos los días se levantaba a las 5 de la mañana para ir al campo, y por las tarde se dedicaba a construir. La mansioncita que os decía, cuya estructura de dos pisos estaba incluso revestida, la había levantado en 6 meses. Y eso que estuvo un mes parado, porque no había cemento en todo Malabo. Porque esta tierra es inmensamente fértil. Se puede plantar lo que sea, que rapidísimamente empieza a producir. En su caso, supongo que habrá ayudado muchísimo el hecho de estar apartado de la ciudad, casi escondido, de modo que aquellos que se dedican a “chupar” a los que tienen algo ni se habrán enterado. Y el no tener que pagar intermediarios será la razón por la que podía transformar rápidamente sus cosechas en dinero. Dinero que según llegaba, él invertía en más tierras y más materiales de construcción. Siempre me recalcaba que los terrenos que tenía los había registrado legalmente, seguro que por miedo a que se los quitasen, ya que aquí eso resulta muy sencillo.

Degustamos el pepesup, aún a pesar de que a su mujer se le fue la mano con el picante, y aquello abrasaba, y no por estar muy caliente. Realmente era su segunda mujer, ya que la primera le abandonó, llevándose a los dos hijos para irse con el marido de su hermana. No os penséis que habían hecho un “cambio de pareja”, en aquella casa vivía el hombre con las dos mujeres. Aunque no son muchos casos, se siguen pudiendo encontrar ejemplos de poligamia, incluso algunos tan curiosos como este, en el que las dos mujeres eran además hermanas. “No tiene ni una cama, duerme en un colchón en el suelo al lado de la cama de los otros dos”. A veces algunos se empeñan en complicarse la vida.

Y allí estaba Chuchú, como llamaban a la pequeña de la casa. Una pobre niña que no hacía más que llorar porque yo le daba miedo. No sé si por lo blanco, por la barba, o por las dos cosas, pero incluso después de estar más o menos tranquila durante diez minutos sentada en mis piernas, me miraba con desconfianza. Es una de las cosas que más me están costando, el miedo que me tienen todos los niños. Con lo que me gusta a mi hacer el mono con ellos.

En fin, un ejemplo de que cuando uno se empeña en salir adelante, olvidándose de buscar suerte en los bares y dedicándose a trabajar, puede salir adelante. Muy adelante. Me decía que la casa que estaba construyendo le podría llegar a costar unos 25 millones. No de francos, ¿eh? De pesetas. Casi nada. Pero como él mismo decía, “la gente no quiere partirse la espalda trabajando la tierra”. Es una pena, porque si hay algo bueno que tiene esta isla, es que su tierra tiene una riqueza increíble.

Lo sé, me habéis seguido pidiendo fotos, pero es que no tengo casi ninguna en la que salga yo. A ver si mañana por la tarde os puedo hacer un videoblog, y así me veis un poquito. Hasta entonces, ¡sed buenos!

1 comentario:

  1. Te echamos de menos, nos has mal acostumbrado, no sólo a tu familia, también a los de Granada.
    Interesante visita y charla con Nacho, pero yo soy una de las que reclaman fotos, porque me tengo que imaginar el latifundio, la casa... aunque lo describes bien y sobre todo la carita de esa Chuchú llorando en las piernas del "hombre blanco" más guapo de Guinea.
    Hablabas de picante, tengo para ti guindillas confitadas en aceite que nos dieron en La Puebla, también nosotros comimos picante el sábado. Cotilleos de familia, que nadie se entere.Besos y. ya sabes: nosotros siempre contigo

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