miércoles, 28 de julio de 2010

Esto es un guineano, un americano y un español que están en un bar...


No, no es un chiste. Aunque seguramente podríamos hacer varios usando estos personajes, pero en este caso no es un chiste. Es el “consejo de sabios” que nos hemos reunido estas dos últimas tardes-noches en el bar Flores, regentado por un español, que está en frente del colegio. Parece ser el lugar de reunión no sólo de los profes, sino también de algunos de los claretianos que están en la parroquia.
Ahí hemos pasado bastantes ratos, y estas dos últimas noches nos hemos juntado Edmundo y yo, a la que salíamos del colegio, con el padre Paul, un californiano que lleva unos 15 años en Guinea. Y ahí hemos hablado de varias cosas, desde el increíble hecho de que un país que extrae 400.000 barriles de petróleo al día se quede sin luz cada dos por tres, hasta la situación política de España y Estados Unidos.
Es curioso cómo se siguen las cosas desde aquí. En un primer momento, hace gracia que todo el mundo sea o del Madrid o del Barça, pero es que la cosa va más allá, ya que muchos guineanos comentan cómo está el patio político en nuestro país. El nombre de Zapatero sale muchas veces a relucir, el de Rajoy alguna que otra, y los Obama, McCain y Swarchzeneger (o como sea) también son seguidos con atención. Hoy hemos estado hablando entre otras cosas de cómo funcionan las cosas en los tres países. A Edmundo se le salían los ojos cuando le contábamos que se puede hacer la compra en el supermercado desde casa, y al día siguiente tienes a alguien con ella en tu puerta (especialmente cuando toca comprar las garrafas de agua, ¿eh?). Y es que hay cosas que parecen impensables para esta gente. Aquí lo más parecido que tienes es un séquito de porteadores a la entrada de los almacenes donde se compran las cajas de carne y pescado congelados, pertrechado con unos carros de dos ruedas donde colocar tu compra para que te lo lleven hasta la puerta. Y es que, como ya hemos visto varias veces, cada uno se busca la vida como puede.
El tema de la electricidad es increíble. Cuando se va, nunca sabes hasta cuándo será, así que las clases de informática pueden terminar antes de tiempo si estás en un centro que no cuenta con un generador que a cambio de gasolina te dé la ansiada corriente. Antes de empezar el curso, bromeaba diciendo que empezaría dando las clases de informática, y las de inglés las daría cuando se fuese la luz. Y quizá no sería tan mala idea.
El hecho de que la electricidad en ocasiones sea intermitente no quiere decir que no se pague. Ahora la cosa debe estar bastante bien, y en el peor de los casos “sólo” tarda una noche en volver, pero es que hace años la cosa era peor. En Luba, la segunda ciudad de la isla, estuvieron sin luz un año. No, no me he equivocado al querer escribir una semana. Estuvieron un año sin luz, con lo que ello supone, no ya por no poder poner la tele o el microondas, sino por no poder disponer de frigorífico ni congelador para la comida. Cada día que preguntaban a los responsables, la respuesta era la misma: “Sí, mañana vendrán a ver si lo arreglan”. Pero nunca se arreglaba. Eso sí, la factura seguía llegando todos los meses.
Seguramente estáis pensando que el día que volvió por sorpresa la luz, casi se hizo una fiesta nacional. Pues no. Volvió, pero con tanta intensidad, que quemó todos los aparatos que había conectados, con tal suerte que casi fue peor el remedio que la enfermedad. Por eso ahora en muchos sitios podemos ver unos “estabilizadores de corriente”, que se encargan de que sea cual sea el voltaje que llega de la red, a los aparatos solamente lleguen 220 voltios.
Cuando se va la luz en toda la ciudad, llega la oscuridad. Pero aún así se puede ver una luz resplandeciente. Allí a lo lejos. Es la planta petrolífera, donde nunca falta la luz, e incluso como ellos dicen, “allí las bombillas brillan de verdad, no como aquí”. Es un mundo paralelo, con su propio abastecimiento de corriente, su tensión de 110 V y 60 Hz0 americanos, su propio idioma (el inglés), y donde seguramente se moverán dólares en lugar de francos centroafricanos. Quizá por eso, cuando no se ve nada, todo el mundo mira allá. Y piensa en Obama. Y en Clinton. Y se preguntan cómo será eso de no tener que preocuparse por cosas tan necesarias, y que en nuestro mundo pasan tan inadvertidas.
Contaba Paul que estando de vacaciones en EEUU, se fue la luz. Su hermana, que entonces tenía 55 años, era la primera vez que vivía esa situación. Y fueron las cuatro horas más largas de su vida. “Vamos a ver la tele”. No. “Vamos a hacer unas palomitas en el microondas”. Tampoco. “Vaya, sí que tiene que ser duro vivir así en África”. Si ese fuera el mayor problema…

1 comentario:

  1. Hola Jorge
    Me resulta difícil de comprender tanto contraste, unos sin luz y la planta petrolífera al lado; los taxis medio rotos y la cerveza a tope; el uso del móvil...Creo que el problema es también educativo y político. De todos modos así cuando no tengas internet en el cole, te parecerá que es lo normal y no harás mala sangre.
    Un beso muy fuerte
    Cortijo

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