domingo, 18 de julio de 2010

La maldición de "el Sur"


Ya estamos de vuelta. Después de visitar el otro lado de la isla, regresamos a la que, aunque sólo durante un día más, sigue siendo mi casa. Son varias las cosas vividas, así que vamos poco a poco.
Breve puesta en antecedentes: la hermana Araceli, directora de Sta. Teresita, me había invitado a ir a su pueblo, junto con dos hermanas más, al poco de llegar aquí. Resulta que Benjamín, claretiano que ha pasado algunos días por esta casa, es el cura de dicho pueblo, Ruiché, que está al lado de Lubá, segunda ciudad en importancia dentro de la isla. Además, Edmundo, el profe de informática, da clases en Lubá también, con lo que nos acompañaría estos días. Así que el plan queda en pasar el fin de semana allí, durmiendo viernes y sábado en el colegio Claret de Lubá, y volviendo el domingo.
Había quedado con el padre Benjamin en salir como a la 1.30 de la tarde. Él se va a España de vacaciones con su familia esta semana, y anda de papeleos, así que no llegó hasta las 3.30. A las 5 nos esperaban en el pueblo para unos bautizos. Así que salimos en el coche Benjamín, una señora con su hijo, y yo. Estos dos invitados sorpresa van a un pueblo que está en la carretera. Bueno, mejor dicho, en la carretera les espera el desvío hacía su pueblo, separado por hora y media de camino, cargando con sus cestos. Ir allí en coche nos costaría media hora de ir y otra de volver (imaginaos qué camino), así que resulta imposible.
Y es que los caminos en esta parte de Guinea son peculiares. ¡Qué tendrá el Sur, que en todas partes se olvida antes! Desde Lubá hacia Ruiché hay varios tramos. El primero, el que enlaza la ciudad, con el barrio de Las Palmas. El asfalto hace pensar que en su día aquello fue una carretera en condiciones, pero a día de hoy, hay partes por las que hay que pasar a 5 km/h.
Este es el barrio de Las Palmas. Para ver bien las fotos, podéis pinchar en ellas. Si lo hacéis con la tecla control pulsada, no os desaparecerá esta página.

Y desde ahí, hay varios desvíos: hacia Ruiché, hacia Bellevue y hacia Bokoricho. Ambos datan de la época de los españoles, es decir, de hace más de 40 años. Y no os imaginarías cómo es aquello. Una carretera, con pendiente constante y fortísima, que se abre paso entre la densísima jungla guineana, y en el que la parte asfaltada se reduce a… ¡las dos rodadas! Es decir, dos tramos paralelos de 40 cm de ancho cada uno, por donde debes llevar las ruedas de tu coche, y césped salvaje entre ambos. Menos mal que como eran las fiestas del pueblo, y se preveía mucho tráfico, habían chapeado (cortado las hierbas y ramas), que si no. Y por supuesto, las risas vienen cuando se cruzan dos coches por el camino. Pero esto es un caos organizado: hay preferencia para el que sube, así que el que está bajando tiene que dejar paso (o literalmente, arrojarse a un lateral, en ocasiones estoy seguro que cerrando los ojos y cruzando los dedos). Y es que en ocasiones, como se pare el que está subiendo, igual se queda ahí tirado.
La gracia es que aquí no todo el mundo dispone de un vehículo, así que el coche del cura se convierte en el remolque de todos los que vamos encontrando por el camino. Salimos de Lubá seis personas, los otros cuatro eran 3 personas mayores, y la nieta de uno de ellos, así que me ofrecí para ir en el remolque, que ya había experiencia de cuando estuvimos en Honduras. Al pasar por Las palmas, subieron cuatro más. Ellos ni siquiera iban a Ruiché, sino a Basakato, pero las tres o cuatro horas de camino se les habían convertido por arte de magia, en 30 minutitos de llano. No va nada.
Llegamos a Ruiché, y apareció ante nosotros un pueblecito, desparramado por la montaña, con mucho encanto. Fuimos directos a la Iglesia, donde esperaba parte de la gente. El resto fueron llegando no tras el toque de campana, que no hay, sino al oír la llanta de coche que colgada en la puerta de la escuela (tampoco hay iglesia) cuando era golpeada con una barra de hierro.
Ya veis que no os miento con lo de la llanta.
Tras los bautismos, llegó la celebración. Primero, fui con la hermana Araceli a conocer su casa y su familia. Allí estuvimos a oscuras, no porque se fuese la luz, aquí nunca ha llegado, sino porque no funcionaban los generadores de la familia. Así que a la luz de un candil estuvimos compartiendo un ratito. La hermana es auténtica dulzura, una mujer que derrocha amor y paz por los poros. De ahí fuimos a bendecir una casa que si bien no era nueva, había sido reformada. Parecido a lo que habíamos comentado otras veces: estructura y cerramientos de madera, interiores de cemento, ésta incluso con baldosas. Los tejados son siempre de chapa metálica ondulada, sujeta por la estructura en triángulo de madera, y con una especie de falso techo de madera, que más que embellecer, se encarga de evitar que los sólidos que se puedan colar por el tejado lleguen al interior. 

Y tras la bendición, subimos a casa de uno de los hombres que había bautizado a su hija, donde nos esperaba un suculento banquete, a base de arroz, pescado, alguna alita de pollo, dulces, refrescos y cervezas, y la novedad del día: antílope. Si, un nuevo bicho que añado a la colección. Una carne un poco dura, pero está buena. Estuvimos un ratito, y para casa. Nos costó un rato llegar al coche, porque el camino era con mucha pendiente y muy resbaladizo. Y por supuesto, a oscuras.
Al día siguiente subió con nosotros Edmundo, y una hermana que está en Batete, otro pueblo del que os hablaré otro día. También se unieron por el camino otros tres hombres, que se ahorraron las dos horas de subida a pie. Ese día era la misa mayor de las fiestas, la primera comunión de 8 niñ@s, y el ingreso de una nueva hermana en la Cofradía del Carmen, aprovechando el día de su patrona. Así que la misa estuvo entretenida, hasta el punto de que rozamos las 2 horas. Pero eso aquí no es tanta novedad. A la salida fuimos a hacer una oración en lo que será la nueva Iglesia, cuatro pilares que se abren camino entre la maleza que casi ni deja que se vean.

A partir de aquí, comienza la ruta gastronómica de Ruiché. Primero, una especie de Lunch preparado por los padres de los niños que hacían la comunión. Paella de langostinos, pollo, y fanta de piña (sí, hay también de fresa, pero no es tan popular), haciendo malabares para que no se caiga nada mientras comemos de pie. De ahí a la casa de la cofradía, donde de nuevo nos invitan a “picar algo” (aquí también lo llaman así, pero puede ser desde tomarse una tapita, hasta comer en condiciones): arroz, plátano, y un poquito de pollo. Qué difícil es partir el pollo con un tenedor de plástico sentado en un sillón. Y por último, a casa de la hermana Araceli, donde ya nos sentamos en torno a una mesa, pero sin cambiar mucho el menú: paella (véase arroz con colorante y algo de sustancia), plátano, pescado en salsa, y chicharro a la plancha. De todo un poco, amigos!
Esto que habéis leído en un minutito, no os exagero si os digo que nos costó cosa de dos horas y media. El padre Benjamín es de los que cada vez que sube al pueblo, saluda a todo el mundo, aunque sea a la carrera para ir a dar otra misa. Así que esta vez que iba con tiempo, nos lo raptaban a cada poco.  Íbamos por delante, y al darnos la vuelta, ya no había rastro de él. Pero es que eran las fiestas del pueblo, y todo el mundo quería que el padre fuera a las casas. Algunos por superstición (aquí se lleva mucho lo de bendecir casas, coches, niños), otros por abrir su casa al que pasa, y ofrecerle todo lo que tiene. Igual no es mucho. Bueno, qué coño: es más que mucho, es todo.
 Atención a las vistas del pueblo: todo el litoral de la isla, hasta Malabo. No me quiero imaginar cómo será Bellevue

Y de ahí, viendo cómo la hermana sorteaba los abrazos de  los borrachos, que empezaban a abundar, nos fuimos de vuelta a Lubá. Salimos un ratito a tomar algo al barrio de Las Palmas, esta vez en un R4, de los que tienen una palanca de cambios que quitan el hipo(os pongo la imagen porque lo merece), y con un conductor que no tiene carnet. El bueno de Edmundo dice que en los tres años que lleva conduciéndolo, no ha tenido tiempo de sacárselo. Pero no se alargó mucho la cosa: se fue la luz, y nos quedamos en el pub en cuestión bajo la luz de una vela. Mal momento para tener problemas con el suministro: ya no volvió en toda la noche, y en Malabo no ha habido hasta media tarde. A saber allá. Que aquello es “el sur” de la isla.
De izquierda a derecha, una de las hermanas Concepcionistas, la hermana Araceli, con el "uniforme" de su familia, y la hermana Victoriosa, de Batete.

Hala, que menuda brasita os he vuelto a dar. Mañana seguimos. Parece que ya toca que se ponga esto en marcha. Veremos. ¡Saludos a todos!

3 comentarios:

  1. ¡Cuántas experiencias vividas en tan sólo dos
    días!Muy buenas las imágenes y muy clarificadoras.
    Nos gustaría conocer a Edmundo, al que tanto nombras. No estés preocupado, no nos das la brasa,estamos encantados de que nos acerques "Al Sur". Nosotros siempre contigo.Besos

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  2. Vaya chulada de finde. Esto ya esta en marcha. A partir de ahora me parece que por fin vas a tener menos tiempo libre. por cierto, que bien tienen cuidado el R4. Ese coche aquí estaría en la chatarra. un besazo

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  3. Te voy leyendo y me alegro muchísimo de la experiencia que nos cuentas. Gracias por tu compromiso y por compartirlo Jorge.
    Un beso. Luisa

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